Fraude en accidentes de tráfico: ¿qué dice la ley?

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Cada año se detectan miles de casos de fraude en el sector asegurador, muchos de ellos relacionados con accidentes de tráfico. Estafas que, a tenor de lo establecido en el Código Penal, pueden salirles muy caras a sus autores.

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En el blog de Xenasegur no es la primera vez que nos ocupamos del fraude en el sector asegurador. En el último post dedicado a este delito hacíamos hincapié en que, según la Unión Española de Entidades Aseguradoras y Reaseguradoras (Unespa), cada minuto una persona intenta defraudar a su compañía. Es decir, obtener un beneficio ilícito tras comunicar un siniestro y amparándose en el contenido de una póliza contratada.

Algo que, de demostrarse, puede salirle muy caro al defraudador –como veremos en el desarrollo del presente post–. Y también a los usuarios, ya que el hecho de plantear reclamaciones indebidas o exageradas supone enriquecerse a costa de los asegurados honestos. En el caso de las pólizas de auto, los tomadores tienen que pagar una media de 20 euros más por culpa de quienes intentan defraudar a las entidades aseguradoras.

Ya que nos hemos referido a las pólizas de auto, este ramo es el que concentra un mayor número de intentos de estafa. Concretamente, en torno al 63% del total. Afortunadamente, gracias al cada vez mayor interés de las compañías en combatir el fraude, en el ramo de automóviles se evita más de la mitad de las estafas. Y si bien es cierto que los delitos suelen ser cometidos por defraudadores no profesionales, no lo es menos que existen redes delictivas organizadas que simulan siniestros.

Ejemplos de fraude en accidentes de tráfico

Sobre cómo actúan los defraudadores, en el blog de Estamos Seguros, una iniciativa de Unespa, pueden leerse algunos muy ilustrativos. Entre ellos, estos dos:

Ejemplo 1: Una lesionada que no lo estaba tanto:

  • Así podría titularse la “película” de una mujer que resultó seriamente lesionada en un accidente de tráfico. Hasta tal punto que sufrió un traumatismo craneoencefálico severo, llegando a pasar varios días en coma. Tras salir de este último, los especialistas pronosticaron una futura dependencia, aunque consideraron que la joven podría mejorar. Sin embargo, dicha mejoría no parecía materializarse y su comportamiento despertó sospechas en un médico.
  • A base de investigar, la compañía aseguradora, a través de las redes sociales, consiguió demostrar que la “paciente” hacía una vida normal. Las consecuencias del accidente existían, pero no eran tan graves. De ahí que la indemnización de un millón de euros se redujese a 230.000 euros.

Ejemplo 2: Atropello infinito

  • Este es otro ejemplo llamativo del que ya nos hemos hecho eco en el blog de Xenasegur. Se trata de un caso protagonizado por cuatro miembros de una familia de Ourense que llevaban varios años simulando ser atropellados por coches y reclamando dinero a las compañías aseguradoras de los conductores.
  • Hasta que una entidad decidió investigar después de que un “afectado” solicitase una indemnización de 24.000 euros y el pago de los gastos médicos. Como se suele decir coloquialmente, la policía no es tonta y entre el perito y la Guardia Civil desenmascararon al clan, poniendo fin a la picaresca familiar.

Ejemplo 3: Las cámaras delatoras

  • El suceso tuvo lugar en Cartagena y lo protagonizaron cuatro individuos de entre 21 y 28 años que simularon un choque entre dos automóviles en un cruce sin semáforos. Uno de ellos fue declarado siniestro total, mientras que el segundo sufrió daños valorados en 7.000 euros.
  • Lo que no contaban los defraudadores es que un testigo comunicase a la policía local que el siniestro le había parecido “extraño”. Ni tampoco que las cámaras de seguridad de un comercio cercano grabaran todo lo sucedido. Gracias a ellas pudo demostrarse que el accidente fue planificado, lo cual sirvió a las entidades aseguradoras para cancelar el pago de las indemnizaciones.

Código Penal: defraudaciones y falsedades documentales

En ejemplos como los expuestos se logra que, al descubrir al defraudador, se cancele el pago de la indemnización o que la cuantía de esta última se reduzca notablemente. Pero, ¿qué les sucede a quienes son considerados estafadores? ¿Qué dice la ley sobre aquellos que pretenden defraudar a las compañías del sector asegurador después de sufrir o simular un accidente de tráfico?

Según algunos expertos del ámbito de la abogacía, son muchos los defraudadores que, por ignorancia, piensan que, si son desenmascarados, se “marcharán de rositas” como si no hubiese sucedido nada. La entidad aseguradora no pagará la ansiada indemnización y ahí se acabará el asunto. Sin embargo, la realidad es bien distinta. Y buena muestra de ello es que el Código Penal le dedica un capítulo completo a las defraudaciones.

Y dentro del mismo, el artículo 249 es el encargado de precisar qué penas contempla el Código Penal para los estafadores:

  • Los reos de estafa serán castigados con la pena de prisión de seis meses a tres años. Para la fijación de esta última se tendrá en cuenta el importe de lo defraudado, el quebranto económico causado al perjudicado, las relaciones entre este y el defraudador, los medios empleados por este y cuantas otras circunstancias sirvan para valorar la gravedad de la infracción.
  • Si la cuantía de lo defraudado no excede de 400 euros, se impondrá la pena de multa de uno a tres meses.

En cuanto a los delitos de especial gravedad, contemplados en el artículo 250, son castigados con penas de prisión de uno a seis años y multas de seis a doce meses. Y como ejemplo de condena a la que puede llegar a hacer frente un defraudador, se encuentra esta de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo de octubre de 2016:

  • Amputación de una mano en una situación desesperada. En 2007, un hombre con problemas económicos decidió amputarse una mano y simular un accidente de tráfico para cobrar la indemnización correspondiente a las pólizas que había suscrito con ocho compañías de seguros.
  • Finalmente, tras probarse que “el hecho nuclear del engaño fue amputarse intencionadamente la mano simulando haber sido consecuencia de un siniestro vial”, fue condenado a tres años y seis meses de prisión por un delito continuado de estafa y a devolver 335.000 euros a tres entidades aseguradoras.

Igualmente, el Código Penal se ocupa de las falsedades documentales. Y en este capítulo es preciso hacer alusión a la falsificación de los partes amistosos de accidente. A tenor de lo especificado en el artículo 392:

  • La falsedad en documento mercantil es castigada con penas de prisión de seis meses a tres años y multa de seis a doce meses.

Y no sólo eso: quienes intentan defraudar a una aseguradora falsificando un parte amistoso de accidente, han de saber que al delito de falsedad suman otro de estafa, por lo que conviene pensárselo antes de intentar obtener una indemnización por este procedimiento.

Sentencias favorables para las compañías aseguradoras

Afortunadamente, cada vez son más los casos de fraude que culminan con una sentencia favorable para las compañías aseguradoras. Y ello es así porque, como indicábamos anteriormente, el sector asegurador ha decidido plantarle cara a las estafas y a dedicar recursos para investigarlas y combatirlas.

Al respecto, y a falta de conocer los datos de 2018, conviene recordar que las entidades aseguradoras recuperaron 48,10 euros en 2017 por cada euro invertido en la investigación de posibles casos de fraude. Por líneas de actividad, el ramo de automóviles se situó ligeramente por encima de la media al recuperar 48,90 euros por cada euro invertido.

Las investigaciones sobre los casos de sospecha de fraude se activan cuando los tramitadores o peritos de seguros creen que un caso que están evaluando parece sospechoso, carece de información clave o es claramente fraudulento. Ante dichos indicios, se pone en marcha un proceso con el objetivo de determinar si se ha producido una actividad fraudulenta.

Volviendo al caso del hombre que simuló haber perdido una mano en un accidente de tráfico, la Sala Segunda del Tribunal Supremo concluyó en su fallo que el condenado ocultó a las distintas aseguradoras que había provocado el siniestro en “un plan maquiavélico”. Y también que la amputación de la mano se produjo con anterioridad al presunto accidente y que tanto este último como el incendio del vehículo fueron provocados.

Sin duda, este y los anteriormente expuestos son ejemplos ilustrativos de cómo se intenta defraudar a las compañías aseguradoras basándose en los daños sufridos en un accidente de tráfico. Pero, afortunadamente, gracias a las investigaciones llevadas a cabo por estas últimas y al Código Penal, el sector asegurador puede plantarle cara a las reclamaciones fraudulentas relacionadas con el robo de los vehículos asegurados, los daños sufridos por estos o las lesiones corporales consecuencia de un siniestro.

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